¿Por qué será que cuando nos besamos, nos dan ganas de
seguir besándonos?

Será que el deseo no miente cuando se cierran los ojos y unos labios se
contonean sensuales sobre otros labios. Cuando esas curvas se rozan se detiene
el tiempo, se quiebra el alma, se acaricia el cielo… y apetece abrir las bocas.


Será que cuando se come esa fruta, las demás ya no apetecen y quieres seguir comiendo ese manjar exquisito. Cuando esa fruta se paladea, se calma el viento, se roza la plenitud, te sabe a poco ese vaivén exquisito… y apetece abrir las bocas.

Será que al notarnos tan cercanos regando piel con piel ansiamos
devorarnos. Cuando las caricias del sol y la luna beben la una en el otro, en placentero refugio, es pasión, es sentir, son ganas… y apetece abrir las bocas.

Será que la salvaje impunidad de robarnos los deseos empieza en esos pétalos silentes, o en silentes nubes. Cuando esas nubes bailan juntitas ya nada importa… y apetece abrir las bocas.

Bésame tonto, que cuando mas me besas mas ganas tengo de seguir besándote.